Miguel Leiro

Miguel Leiro

Desde hacía unas semanas, un runrun sacudía las redes sociales y los foros de internet con una supuesta tensión en Golden Boy Promotions, la compañía del campeón olímpico Oscar de la Hoya. Decían los rumores que mientras el presidentequiere buscaba un acercamiento a Bob Arum y a Top Rank, el Gerente, o CEO en sus siglas en inglés, Richard Schaeffer, se negaba en redondo, creando esta diferencia de opiniones en una de las dos compañías más infuyentes en EEUU. Hace apenas una semana, todo se aceleraba, con unas declaraciones de Schaeffer en donde, al mismo tiempo que reconocía su subordinación a De la Hoya, se afirmaba en su intención de mantenerse lo más alejado posible del abogado neoyorquino. Con palabras medidas y estudiadas, ponía su cargo a disposición de Oscar de la Hoya. Ayer, el mismo Schaeffer confirmaba que ya no pertenece a Goden Boy, y el mundo del boxeo se estremecía, aunque nadie parece acusar el golpe.

En el verano de 1967, el gobierno español organizaba un mundial de baloncesto en Barcelona con una particularidad, ningún jugador podía superar los 180 cm de altura. Respondía esta competición a la necesidad de adaptar el deporte a una generación de españoles marcada por la postguerra y las cartillas de racionamiento. España llegó a la final, que se disputó en la ciudad condal coronando a los EEUU. Se vendió como un gran éxito deportivo, aunque nadie hable de esto en el siglo XXI. En 1984, una generación de Españoles bien alimentados perdía en la final de los JJOO contra Michael Jordan y sus contemporáneos. Los Epi, Romay, Llorente o Basilio todavía forman parte del imaginario colectivo, como quijotes contra los inmensos molinos. Por encima de todo está la legitimidad, no hay gesta con amaño o trampa para el pueblo soberano. 

Martes, 13 Mayo 2014 11:00

Los pesados avanzan

Este sábado, aunque parezca mentira, un nuevo campeón de los pesos pesados ha visto el mundo. Bermane Stiverne se ha proclamado campeón nada menos que del consejo, al noquear al norteamericano Chris Arreola en una entretenida pelea en el Galen Center de Los Angeles. No es que haya sido una conmoción, ni se han vertido ríos de tinta, apenas ha merecido algún comentario entre el aficionado más entusiasta. Al fin y al cabo, todo lo que sucede en la división completa es ensombrecido por una larga silueta que se proyecta desde el este de Europa.

Domingo, 04 Mayo 2014 15:04

El crepúsculo de los Dioses.

El 10 de Marzo de 1986, mientras Marvin Marvelous Hagler sufría para contener a la bestia Mugabi, el señor Sugar Ray Leonard bebía cervezas en el ringside acompañado de Michael J. Fox. Eran los 80 y seguro que al menos uno llevaba hombreras debajo de su americana de lino. Viendo a Hagler resoplar y escuchándolo maldecir, Leonard decidió que era el momento de enfrentarse a él, pues, aunque seguro envalentonado por el jugo de cebada fermentado, el listo boxeador de Carolina del Norte había atisbado aquella noche de lo que llaman invierno en Nevada, el ocaso de un Dios, el comienzo de la inevitable decadencia que a todos los grandes les había llegado en algún momento. Como a Patterson con Liston, como a Liston con Cassius Clay y al entonces Ali con Larry Holmes.

Moncho peleó las semifinales como lo hace siempre, de forma corajuda, presionando y lanzando manos, pero Ferrer mostró su clase desde el principio, aprovechando su envergadura y gran movilidad.

Y cuando en el tercero el santiagués quiso jugárselo todo, una serie de manos hizo que el árbitro le hiciese una cuenta de protección que cerraba de forma simbólica la pelea y otro gran campeonato de Miras, que vuelve a casa con otra medalla de bronce.

Su rival acabó siendo Campeón de España de forma brillante y justa.

Viendo boxear a Kiko Martínez, uno entiende el pánico que recorría Europa cuando los tercios españoles cruzaban los pirineos con un cuchillo en la boca y dos trapos raídos como calzones. Es difícil no sentir un orgullo racial, seguramente insano, viendo como ese alicantino lucha con una fe que roza el fanatismo religioso, que sobrepasa el límite de la temeridad, tan seguro de su sencilla estrategia, tan convencido de que al final llegará el ko.

Si comparamos la situación de nuestro boxeo con el italiano, es fácil pensar que somos la cenicienta. Habituales en los podiums de las grandes citas amateur, con al menos dos televisiones que retransmiten boxeo profesional de forma regular, alguno diría que son al menos Champions League. Y sin embargo, para Doménico Spada, (34/4/0), no es suficiente. Al menos si tomamos como ciertas las declaraciones que recoge la web boxingscene.com , en donde el italiano se despacha a gusto contra su país y compatriotas.

 El ruso Sergey Kovalev sigue imponiendo sus puños de acero en los rings del nuevo mundo. Y lo está haciendo con una firmeza y contundencia que no deja lugar a las letanías habituales.

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